Fuí a buscar al Señor un día después de que él se había quedado dormido en sus brazos, le pregunté ¿por qué?, mala pregunta para iniciar un dialogo con Dios, y entre más preguntaba más dolor sentía, más amargas eran las lagrimas que de mi corazón brotaban, y Dios no decía nada, guardaba silencio entre el viento que escuchaba, entre las olas que venían y Dios siguió guardando silencio, fue su voluntad y aun no queriéndolo asimilar trate de aceptarlo. Poco tiempo después fui de nuevo a dialogar con Dios, con un poquito de serenidad le dije que no estaba enojada con él, pero que me dolía mucho el hecho de que se había llevado a alguien que tanto amaba, y que me entristecía no ver el reflejo de su amor en un hombre tan noble como Fabio.
Lo conocí cuando mi juventud comenzaba a florecer, de inmediato mi atención se centró en él. No era común, sino que era alguien único, su sinceridad me bastó para no perderle de vista nunca, su forma tan peculiar de expresarse, su silencio que decía tanto o mucho más que las palabras, y sin darnos cuenta ya nos empezábamos a querer, simplemente nuestro lenguaje simbólico disfrazaba todo aquel gran cariño que un inicio empezamos a sentir. Esperamos algún tiempo, pues Dios nos había dicho que no debíamos de acelerar el plan que para nosotros tenía, y el tiempo pasó y las cosas entre nosotros se entrelazaron más, hasta que el corazón al fin pudo soltarse con toda libertad, sin miedo alguno al rechazo, pues ya sabíamos que nos habíamos convertido en piezas que al unirse quedaban perfectamente. Y me enamoré más de él, pude descubrir cosas que nunca vi, un hombre maravilloso y bueno, digno de amar, con el corazón más humano y sensible que he conocido, un alma apasionada e intensa, me desbordó el corazón de alegría, pues Dios había llenado mi ser con su existencia, cada detalle de él era significativo, y era para recordarlo siempre que se podía. Hasta que un día todo se consumió en dos palabras La amo :) y nuestros corazones se hicieron uno. Así empezamos a escribir nuestra historia, con algunos tropiezos, con pequeñas dificultades, con una distancia que no nos impidió querernos como nos quisimos, el tiempo pasó y Dios quiso que un día especifico regresara con Él y así fue, mi Fabio querido se durmió en los brazos del Señor, dejándome con el corazón tan débil y frágil. No sólo mi persona se quedó así, tantos que lo aman, su familia, sus amigos, y todos aquellos que sintieron la presencia noble de Fabio se quedaron con el corazón triste.
Lloro tan dolorosamente su partida, me duele el corazón el sólo pensar que no he de volverlo a ver hasta que Dios así lo quiera, pero le recordaré con el mayor amor y cariño que mi corazón tiene para él, valoraré y atesoraré las muchas cosas que aprendí y me enseñó, como el valor para enfrentar a quienes no pensé enfrentar, a dejarme llevar por lo que el corazón siente, ver siempre el lado positivo de las cosas, pero sobre todo amar de una forma única y especial.
Lo amé, lo amo y lo amaré siempre. Dios trajo una gran bendición a mi vida por haberlo puesto en mi camino, será siempre la esencia de mi existir y la inspiración para darle vida a los demás…
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