lunes, 17 de octubre de 2011

A mi querida hermana...


Sé y puedo asegurar que sentís alegría cuando yo la siento también, que te enojas cuando alguien se porta mal conmigo, y yo también me enojo cuando alguien lo hace con vos. Sé que sentís el dolor que yo siento, que ante mi pérdida has tenido que interiorizar el trago amargo de mi tristeza, y lo sé porque lo noto en tus gestos, en tus palabras, en el lenguaje secreto del silencio y sé que a partir de mis experiencias has visto otras caras de la vida.

En los días que las labores de la vida piden que nos centremos en ellas nada más, es cuando más extraño tu compañía, y es que somos  tan diferentes que encajamos bien, que entre colores y recuerdos nos complementamos. Puedo ser yo  misma casi en mi totalidad, porque sé que me miras con los ojos de la verdadera amistad.

Te quiero con todo el corazón, aunque las dificultades y las palabras no asimiladas se nos vayan de las manos, siempre seremos no sólo amigas sino hermanas.