Un día de tantos cuando comenzaba
el séptimo mes, pensaba que a medida que el camino de mi vida se hace más largo
se torna más difícil y se ve con más dificultades y obstáculos, a medida que el
amanecer del año 22 se ha ido acercando me he visto constantemente a prueba
ante cosas que no esperé verlas, que me prueban la confianza y la madurez que
al menos he debido alcanzar a estas alturas.
Llega el año 22 y me siento
agotada, muchas cosas buenas han tenido un precio alto, el miedo a la libertad
ha sido el elemento que nunca deja de acompañarme, me siento cargada de afectos
no exteriorizados, de palabras nunca manifestadas, pero con la ganancia de un
poco de experiencia.
Otro año que me siento cerca de
cosas nuevas y lejos de cosas que un día amé. Muchas experiencias inadvertidas,
me quitaron tanto y me regresaron poco, que ahora desconozco algo de mí que no
logro comprender.
El tiempo se ha ido como agua
entre mis manos y apenas ha quedado un poco en ellas, pero a fin de cuentas,
estoy aquí otro año. Dios me ha dado otra oportunidad para manifestar en pocas
grafías lo que 365 días han hecho en mi vida, de cómo los cambios han dolido
inmensamente, pero que en frutos buenos se ha visto compensado.
Las metas y los propósitos que hace tiempo
creé, están más cerca de ponerlos en marcha, y aunque el camino se torne más difícil,
Dios será quién guiará siempre mi sendero.

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