martes, 17 de julio de 2012

El amanecer del año 22...



Un día de tantos cuando comenzaba el séptimo mes, pensaba que a medida que el camino de mi vida se hace más largo se torna más difícil y se ve con más dificultades y obstáculos, a medida que el amanecer del año 22 se ha ido acercando me he visto constantemente a prueba ante cosas que no esperé verlas, que me prueban la confianza y la madurez que al menos he debido alcanzar a estas alturas.

Llega el año 22 y me siento agotada, muchas cosas buenas han tenido un precio alto, el miedo a la libertad ha sido el elemento que nunca deja de acompañarme, me siento cargada de afectos no exteriorizados, de palabras nunca manifestadas, pero con la ganancia de un poco de experiencia.

Otro año que me siento cerca de cosas nuevas y lejos de cosas que un día amé. Muchas experiencias inadvertidas, me quitaron tanto y me regresaron poco, que ahora desconozco algo de mí que no logro comprender.

El tiempo se ha ido como agua entre mis manos y apenas ha quedado un poco en ellas, pero a fin de cuentas, estoy aquí otro año. Dios me ha dado otra oportunidad para manifestar en pocas grafías lo que 365 días han hecho en mi vida, de cómo los cambios han dolido inmensamente, pero que en frutos buenos se ha visto compensado.

Las metas y los propósitos que hace tiempo creé, están más cerca de ponerlos en marcha, y aunque el camino se torne más difícil, Dios será quién guiará siempre mi sendero.

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