Llena de cansancio, de monotonía no percibida que resultó
ser el desprecio de lo que hago, de lo que pienso, de lo sueño y delo que
anhelo, de no querer más asimilar palabras, de evitar todo lo que a diario
experimento, de predecir cada movimiento, cada hora, cada acción y palabra, de
olvidar lo que es la novedad, por perderle el valor a lo sencillo, por esperar
todo de algo que no es nada.
Que mi rostro ya no exprese mi esencia, sino una alegría falsa momentánea, harta de escuchar
las cosas que no me pertenecen ni me pertenecerán,
de cuestionarme duramente de todo lo que no hago, para que finalmente me vea vacía, sin nada entre
mis manos, y el único escape cobarde y egoísta es ahogarme en mi misma, de
beber la misma amargura que me embriaga y me desprende de todo lo demás.
Y respeten lo que siento, es mi mundo el que se cae, así es
que soy yo quien lo tiene que reparar.

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