viernes, 18 de enero de 2013

4 Días

Me traje un par de recuerdos.


Ya es 12 de enero y son la 1:50 am, en 8 horas aproximadamente tengo mi primer paciente, pero es el momento idóneo para escribir lo que debí expresar hace 2 semanas.

Ya antes me había ido más de 2 días fuera de la casa, pero en ese entonces yo sabía cuál era la razón fundamental del viaje.

Hace un poco más de 2 semanas me fui a un viaje, un viaje dentro de mis tierras, prometí irme sin las palabras que me hirieron, sin la culpa que me golpeaba, sin la preocupación que a  menudo cargaba, me acompañó una mochila, un sleeping, una tienda, los más queridos y un poco de ese papel que tiene valor en todo lugar del mundo.

Me fui con muchas y pocas expectativas, quería disfrutar hasta el detalle más  sencillo que el camino presentara, disfrute esa compañía que me hizo olvidar los peores defectos que puedo tener, contemplar los rostros de cada uno absortos en el inicio de un viaje, en el cierre de una etapa para cada uno y el nacimiento otra.

Nunca olvidaré el cansancio que sentí, el clima que hizo impregnante cada lugar, el calor del sol en el mar acompañado de la amistad, y entonces algo sucedía en silencio sin que nadie lo supiera, comencé a darme cuenta que con todo ese cariño en  el  aire, debía de corregir ciertos desperfectos míos, nadie lo supo, me tragué las lágrimas al reconocerlo, fue el momento en que sólo los pude contemplar en silencio.

El frio que a la siguiente noche sentí, no  se comparan a los que en 22 años he experimentado, basta una noche para saber que 6 almas en un lugar pequeño, puedan desvanecer hasta el frio de la indiferencia, y me sentí en casa en un lugar desmontable, donde cada quién era lo que la vida había construido. Nunca olvidaré haber tenido a la luna tan cerca de mi rostro y a las estrellas tan cerca de mis manos.

Amanece de nuevo, contemplamos al sol y nos envolvemos en su calor, estamos  listos para emprender el tercer día, las maletas están listas para seguirnos en el trayecto. Llegamos a uno de muchos puntos de inicio, a veces tenemos frio, a veces nos sofoca el calor y llegamos  a otro punto de llegada. 

Al llegar al destino del día 3 no  imaginamos vernos tan frágiles ante el momento de un recuerdo, donde ciertos sentimientos ven la luz de la noche y emergen para descansar de nuevo, recordamos el dolor de una pérdida, pero sobre todo la alegría que generan los recuerdos, vivir de nuevo con quién ya no ve el sol de este lado de la vida. Descansar una  noche más para saborear la llegada del día 4.

Ha comenzado el día 4, el último día del viaje, vamos camino al encuentro de muchos árboles, entre una mezcla de calor, polvo y frio, cada  instante del trayecto se va disfrutando. Vamos cargados de energía de 3 lugares, el agua que recorre cada detalle de nosotros, nos refresca todo el cansancio que nos ha acompañado, pero sobre todo, refresca nuestra alma, los recuerdos, las emociones  y la vida. Vamos a un lugar donde nos  vemos  la historia que hay bajo nuestros pies, de lo que pocos hablan pero  muchos sienten.

Veo la silueta de un personaje que lo asocié con él, le recordé por un momento y lo amé  por un instante.

Llega el final del camino y es hora de llegar al punto de salida: nuestro hogar, donde nuestra familia aguarda nuestra presencia, donde la realidad nos clama con más fuerza, donde llevamos el último tesoro del año y recordarlo para toda la eternidad. 

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