Antes que nada quiero decir que este post surgió después de este domingo, ya tenía preparado uno para el día de hoy pero después de la vivencia de ayer es justo y necesario compartir mi reflexión.
Desde la fuerte experiencia de perder a alguien tan amado, el corazón puede llegar a perder esa luz que nos caracteriza, llegar a sentir cansancio por la tristeza, perder el verdadero sentido de las cosas, sentirte vacío sin sentir que se toca fondo.
Desde entonces no tuve la oportunidad de examinar ciertos puntos en mi vida, personas, experiencias, proyectos; preocupada nada más en el sobrevivir del día a día en una rutina muy distinta a la vivida anteriormente.
Y hasta entonces me di cuenta que ya tengo cierta madurez para identificar: mis puntos débiles, las personas que amo realmente, mis temores, pero también descubrí mi dificultad para ver mis fortalezas y cualidades, pero creo que no soy el único ser humano que posee esa dificultad, las circunstancias definirán con más claridad cuales son estas.
Después de ayer me sentí viva de nuevo, necesitaba realmente un encuentro conmigo misma y con Dios, pues la fuerza hace mucho que se me había terminado.

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