Cuan a menudo no paramos
de hablar y nuestra mente se nubla de tanto ruido interno como externo, es
momento de guardar silencio, de apaciguar los impulsos y dejar fluir los
pensamientos como agua mansa que fluye en un manantial.
Guardar silencio
para no lastimar corazones, para no perder amistades eternas y tener la sensación
gratificante de no haber dicho nada para
no arrepentirse de nada.
Que además de
escuchar también tenemos que callar porque el silencio de uno implica la felicidad
de otros.

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